La transparencia para vencer a la pandemia

Por Catalina Parada,  COO de AXON Marketing & Communications y Medical Doctor de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)

El covid-19 -popularmente conocido como coronavirus- ya es parte de nuestras vidas, invadió nuestras conversaciones y rutinas cotidianas, la agenda de los medios y de los gobiernos. La crisis sanitaria es mundial y la información es más viral que el propio virus. El tema es ¿toda la información que consumimos es correcta? ¿Todo lo que reenviamos está chequeado? ¿Ayudamos a conocer más sobre esta amenaza o contribuimos a la desinformación y el pánico?

La información y la comunicación son las mejores herramientas para contener el contagio, pero mal usadas pueden convertirse en un “arma” que empeore la crisis. La transparencia es la clave para combatir tanto al covid-19 como a la desinformación.

A China le costó caro entenderlo.  El médico Li Wenliang, quien murió por este virus, se hizo conocido por ser el primero en advertir a la comunidad científica sobre los peligros de la enfermedad. Fue censurado por las autoridades y acusado de difundir rumores erróneos. Las alarmas se encendieron tarde y la propagación del virus se hizo exponencial. La falta de conocimiento de la población hizo que eventos masivos como el año nuevo lunar (que en China moviliza multitudes a sus ciudades de origen) llevaran la situación fuera de control. 

¡QUÉ NO CUNDA EL PÁNICO!

Este virus fue recientemente catalogado como pandemia. La epidemia es el aumento de casos infecciosos registrados en una zona geográfica específica, mientras que una pandemia es la presencia de dichos de casos de manera simultánea en diferentes países. La directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Dra. Clarissa Etienne ha sido muy enfática en resaltar que este término hace referencia únicamente a dicha distribución geográfica y no a la gravedad de la enfermedad.

Esta es la primera pandemia que sucede en un mundo tan globalizado. En 2009, cuando fue la N1H1, la penetración de internet y redes era mucho menor. Hoy, hay 4,5 miles de millones de usuarios de internet en el mundo, el 67% de la población mundial utiliza smartphones y el 49% redes sociales, según We Are Social 2020. Esta nueva situación ha sido la base de una gran avalancha de información, que cada día aumenta su tamaño. Por eso, es importante comunicar objetiva y verídicamente, ser claro y no dar lugar a malos entendidos, suposiciones y/o alteraciones de la realidad.

La mayor responsabilidad en este contexto es lograr informar a la población sin causar pánico, pero generando consciencia. La ética y la responsabilidad son deberes implícitos en momentos de crisis.

LA AMENAZA DE FAKE NEWS E INFOXICACIÓN

Somos la generación de los “prosumidores”, individuos con acceso permanente e ilimitado a herramientas que permiten consumir y producir contenidos con la inmediatez como aliada y enemiga a la vez. Esto genera que las fuentes información se multiplican por el número de usuarios que hay de redes e internet. Lo que encontramos online puede proceder de cualquier lugar, haciendo difícil conocer su legitimidad y veracidad.

Según un estudio realizado en febrero de este año por la compañía Caspersky, especializada en seguridad informática, el 70% de los latinoamericanos no sabe detectar o diferenciar una noticia falsa de una real, e incluso el 16% ni siquiera conoce el significado del término “Fake News”. Este panorama no es muy alejado de lo que sucede alrededor del mundo.

El Covid-19 dejó más en evidencia esta problemática. Nadie se toma el trabajo de verificar, cayendo este nuevo concepto de la “Infoxicación”, que hace referencia a la intoxicación por exceso de información.

Las cadenas de Whatsapp son uno de los modos más frecuentes por donde nos llegan los excesos de información, en forma de consejos como “recetas caseras para tratar y/o prevenir el coronavirus” o “cómo tratar los síntomas del coronavirus en casa”. Nada de esto fue emitido por alguna entidad de la salud u organismo internacional. En el mejor de los casos, esta información es inocua, pero muchas veces pone en riesgo la salud.

¿Qué tienen en común el covid-19 y la infoxicación? Según la Organización Mundial de Salud (OMS) son los adultos mayores (junto con aquellos que padecen afecciones médicas preexistentes) quienes están en un mayor riesgo de sufrir complicaciones con este virus. Es la misma población que suele invertir una gran cantidad de tiempo en redes sociales y, por lo tanto, está expuesta a recibir información errónea y no verificada.

Para el covid-19 todavía no se encontró la vacuna, pero para la infoxicación sí. Por un lado, ser conscientes de que el apego a la veracidad de la información es responsabilidad de todo aquel que tenga la capacidad de emitir un mensaje. Es de vital importancia corroborar la credibilidad y confianza de las fuentes consultadas antes de reproducir la información. Entidades oficiales, gubernamentales y sus voceros; organismos internacionales; investigaciones de universidades certificadas; medios de comunicación con trayectorias y eminencias científicas están entre las fuentes confiables y verificables.

El contagio de la mala información es tan peligroso como el propio covid-19. En definitiva, los individuos y las organizaciones son responsables de la verificación de los datos de aquello que se decide repicar y del impacto, tanto positivo como negativo, que esto pueda generar.

2020-03-19T20:26:03+00:00 marzo 17th, 2020|Nuestro Blog|