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Transformación digital en Latinoamérica 2026: 7 problemas que las empresas deben resolver

La transformación digital en América Latina ya no es una apuesta a futuro. Las empresas están invirtiendo, incorporando nuevas tecnologías y avanzando hacia modelos cada vez más digitales. El problema es otro: muchas están creciendo en tecnología más rápido de lo que crecen en capacidad para integrarla, gestionarla y convertirla en valor.

El estudio The State of Digital Transformation in Latin America 2026, realizado a partir de una encuesta a 1,000 tomadores de decisión de negocio y TI en Brasil, México, Colombia, Chile y República Dominicana, muestra una región que avanza, pero todavía con importantes niveles de fragmentación.

Y aquí está el punto que nos interesa como consultora: los datos no son la estrategia. La estrategia empieza cuando una organización entiende qué está frenando su transformación y decide qué hacer al respecto.

Estos son los siete problemas que marcarán la agenda digital de las empresas latinoamericanas en 2026.

1. La madurez digital está estancada a mitad de camino

El 30% de las empresas de la región continúa operando bajo modelos legacy-heavy, con sistemas locales y aislados. Otro 30% se encuentra en un escenario cloud-siloed, con múltiples soluciones en la nube que no necesariamente están conectadas entre sí. Solo el 25% ha alcanzado un modelo platform-centric, basado en operaciones más unificadas, mientras que apenas el 14% puede considerarse AI-orchestrated, con sistemas capaces de operar mediante agentes autónomos.

Brasil lidera en madurez digital, mientras Chile concentra la mayor proporción de organizaciones con sistemas legacy y República Dominicana presenta mayores niveles de fragmentación cloud.

¿Qué debería hacer una empresa?

Antes de incorporar más herramientas de IA, automatización o analítica, es necesario entender cómo funciona actualmente el ecosistema tecnológico: qué plataformas se utilizan, cuáles se superponen, qué información comparten y dónde están los principales puntos de fricción.

La transformación comienza con una nueva herramienta con una arquitectura capaz de sostenerla.

2. La complejidad de TI está consumiendo el espacio para innovar

Seguridad (32%), costos de infraestructura (26%), gestión de datos (25%), integración multi-nube (25%) y dificultad para medir el ROI (23%) aparecen entre los principales frenos identificados por los líderes de la región.

Pero hay algo más relevante: el problema cambia según el mercado.

En Brasil, la principal preocupación es la escasez de talento (37%). En Chile y Colombia destaca la falta de colaboración entre áreas (38% y 40%, respectivamente). En República Dominicana aparece con fuerza la limitación presupuestal (37%), mientras México señala la infraestructura insuficiente (43%).

Esto demuestra que una estrategia regional no puede ejecutarse como una plantilla idéntica para todos los mercados.

Las empresas deben identificar cuál es el verdadero cuello de botella

Si el problema es talento, probablemente la respuesta no sea incorporar otra plataforma, sino desarrollar capacidades internas. Si es colaboración, difícilmente se resolverá con tecnología: requiere mecanismos de gobernanza que conecten a negocio y TI.

La tecnología debe responder al problema de la organización, no al revés.

3. El tool sprawl está convirtiendo la transformación en una fuente de complejidad

Más tecnología no necesariamente significa una empresa más digital. El 52% de las organizaciones utiliza entre 11 y 25 soluciones puntuales diferentes. Al mismo tiempo, el 81% de los líderes reconoce que esta dispersión ha incrementado la complejidad operativa durante los últimos dos años. El efecto es todavía mayor en República Dominicana (89%), México (87%) y Chile (81%).

Cuando cada área incorpora una herramienta para resolver su propio problema, la organización puede terminar con decenas de soluciones que funcionan individualmente, pero que juntas generan más trabajo, costos y silos.

Es necesario mapear las herramientas existentes, identificar duplicidades, medir su adopción y determinar cuáles generan verdadero valor para el negocio.

4. La mayor parte del presupuesto sigue destinada a mantener el presente

Este es uno de los datos que más debería preocupar a los líderes. El 76% de las organizaciones destina más presupuesto al mantenimiento que a la innovación. Solo el 9% prioriza la inversión en nuevas iniciativas.

En República Dominicana, la brecha llega a 92% destinado a mantenimiento frente a apenas 1% a innovación. El riesgo no es únicamente financiero. Una organización que concentra sus recursos en mantener funcionando lo que ya tiene puede terminar sin capacidad para construir lo que necesitará mañana.

En ese sentido, cada iniciativa tecnológica debería poder responder tres preguntas: qué problema de negocio resuelve, qué indicador impacta y cómo se medirá ese impacto.

Cuando la conversación con la dirección se limita a infraestructura, licencias o implementación, TI compite como centro de costos. Cuando puede demostrar impacto sobre crecimiento, eficiencia, experiencia del cliente o gestión del riesgo, la conversación cambia.

La innovación necesita una narrativa de negocio tan clara como su arquitectura tecnológica.

5. La confianza en la IA está creciendo más rápido que sus resultados

El 93% de los líderes consultados considera que cuenta con un stack tecnológico preparado para IA. Sin embargo, el 61% reconoce que todavía no ha logrado convertir esa inversión en valor medible.

Esta brecha es especialmente relevante en República Dominicana, Brasil y Colombia. Entre las principales barreras aparecen seguridad y cumplimiento (19%), falta de talento especializado (17%) y casos de uso poco claros o difíciles de medir (15%).

El problema, entonces, no parece ser la falta de interés por la IA. Es la dificultad para convertirla en una prioridad de negocio.

Antes de escalar una iniciativa de IA, debería definir tres elementos:

  • Un problema concreto de negocio.
  • Un responsable que pueda tomar decisiones sobre el proyecto.
  • Un indicador que permita demostrar su impacto.

Una organización no necesita implementar IA porque el mercado lo está haciendo. Necesita identificar dónde la IA puede generar una ventaja concreta y demostrarlo.

La IA sin caso de negocio es experimentación. La IA con objetivos y métricas puede convertirse en transformación.

6. La ciberseguridad ya no termina en TI

El 57% de las empresas consultadas reportó haber sufrido más ataques exitosos en 2025 que en años anteriores. República Dominicana (64%) y Colombia (58%) presentan algunos de los niveles más altos.

Pero existe otra amenaza que está creciendo dentro de las propias organizaciones: el uso no autorizado de IA generativa por parte de los empleados. El 70% de las empresas considera que esta práctica representa un riesgo real de fuga de información. La preocupación alcanza el 77% en México, 74% en Brasil y 73% en República Dominicana.

Así, convertir la seguridad en una responsabilidad compartida. Eso implica establecer políticas claras sobre el uso de IA, explicar qué información puede compartirse y cuál debe permanecer protegida, capacitar a los equipos y generar mecanismos de control que acompañen la adopción.

Prohibir sin educar no elimina el riesgo. Puede hacerlo menos visible. Por eso, la comunicación interna deja de ser un complemento de la estrategia de ciberseguridad y se convierte en parte de ella.

7. Negocio y TI están alineados. Ahora tienen que demostrarlo en la ejecución

Hay un dato especialmente positivo: el 91% de los encuestados considera que negocio y TI están alineados respecto de las prioridades de transformación digital.

Es necesario convertir el alineamiento en mecanismos concretos de trabajo. KPIs compartidos. Comités conjuntos. Responsables definidos. Seguimiento periódico. Y, sobre todo, una comunicación interna capaz de mantener a la organización informada sobre qué está cambiando, por qué está cambiando y qué se espera de cada equipo.

El reto de 2026 no es digitalizar más

Los datos muestran una región con ambición digital, pero también con una serie de tensiones que pueden limitar el retorno de esa inversión: sistemas fragmentados, exceso de herramientas, presupuestos concentrados en mantenimiento, IA sin suficiente impacto medible, nuevos riesgos de ciberseguridad y una brecha entre el alineamiento estratégico y la ejecución.

Por eso, para 2026 la pregunta más importante para una empresa debería ser “¿qué necesita cambiar en nuestro negocio y qué papel debe cumplir la tecnología para lograrlo?”

Porque una transformación digital efectiva no ocurre cuando una organización incorpora más tecnología. Ocurre cuando consigue simplificar su operación, conectar a sus equipos, acelerar decisiones y convertir la inversión tecnológica en resultados que el negocio pueda reconocer y medir.

Y ahí es donde tecnología, negocio, marketing y comunicaciones dejan de trabajar como funciones independientes.

La transformación necesita estrategia para definir el rumbo, tecnología para hacerlo posible y comunicación para conseguir que la organización lo adopte, lo entienda y lo convierta en acción.

En un mercado latinoamericano cada vez más competitivo, esa capacidad de conectar las tres dimensiones puede convertirse en una ventaja diferencial.