Manuel Beaudroit fundó Belo en 2021 para resolver un problema propio: usar sus activos cripto para el día a día —pagar, cobrar, ahorrar— sin depender constantemente de la banca tradicional, un dolor que compartía con freelancers y contractors latinoamericanos que necesitaban cobrar desde Estados Unidos. Hoy la fintech argentina factura con rentabilidad desde hace tres años, opera en varios países de la región y acaba de sumar como inversor a Tether, la compañía cripto más poderosa del mundo. En una entrevista con Axon Insights, el fundador reconstruye la lógica detrás de ese salto: nunca prometer de más, no hablar de tecnología sino de problemas y entender que ningún inversor grande llega de un día para el otro.
Manuel Beaudroit recibe a Axon en las oficinas de Belo, en Buenos Aires. La empresa que dirige cerró una ronda de inversión con Tether, la compañía cripto más grande del mundo, como socio. Pero antes de llegar a ese punto, dice, hubo una decisión de negocio poco habitual en el mundo startup: priorizar la rentabilidad por encima del crecimiento acelerado.
Un problema personal se convirtió en negocio
“Necesitaba una forma de poder vivir en cripto todos los días”, cuenta Beaudroit sobre el origen de Belo, en 2021. No hubo epifanía ni gran visión fundacional: había un pain point concreto, el suyo, y la sospecha —confirmada rápido— de que no era el único que lo sufría. De ese hallazgo germinó una empresa que hoy suma 3,4 millones de usuarios y opera en varios países de la región.
Ese origen marcó la forma en que la empresa decidió comunicarse desde el principio: la estrategia fue partir siempre de una necesidad concreta del usuario. “Muchas veces la gente dice: mira, esta es la herramienta que te va a cambiar la vida. Está bien, pero ¿cuál es el problema realmente de las personas?”, plantea.
La aplicación práctica de esa filosofía es casi contraintuitiva para una empresa cuyo negocio entero corre sobre rieles cripto: hacia afuera, casi nunca lo menciona. “Toda nuestra empresa es cripto y es el backbone, y utilizamos los activos para construir nuestros servicios. Pero nosotros no vamos a hablar de cripto con el usuario, porque a la gran mayoría de la gente no le interesa”, dice. Lo que le interesa a la gente, insiste, es poder pagar, poder ahorrar, poder llegar a fin de mes.
Especializarse rápido para sobrevivir a la competencia
Belo compite en un terreno abarrotado. Billeteras, plataformas de pago, apps cripto: la oferta latinoamericana se multiplicó en los últimos años al ritmo que lo permitió el embedded finance, esa infraestructura de APIs que hoy le permite a cualquiera montar un servicio financiero en meses. Para explicar cómo sobrevivió a esa saturación, Beaudroit recurre a una imagen que remite a su formación en biología: las empresas nacen como células madre, capaces de convertirse en cualquier cosa, y sobreviven las que logran especializarse antes que las demás.
En el caso de Belo, esa especialización tuvo nombre y apellido: freelancers y trabajadores independientes que necesitaban cobrar desde Estados Unidos sin perder buena parte del ingreso en el camino. Un dolor muy latinoamericano, muy concreto, donde las stablecoins —dice— ofrecían algo que la banca tradicional no podía igualar.
El obstáculo no es cultural
Beaudroit lleva catorce años en el mundo cripto, y hay una frase que resume cómo ve el problema de fondo: “Lo peor de cripto es el nombre.” La palabra, admite, juega en contra desde el principio, cargada de asociaciones que nada tienen que ver con lo que en realidad significa. “Cripto viene de criptografía, no viene de seguridad”, aclara, y ahí encuentra la ironía central de su industria: la tecnología que debería generar más confianza es la que, por el nombre, genera más sospecha.
Romper con una ecuación —dinero, banco, Estado— que lleva quinientos años instalada en el sentido común no se logra con explicaciones. Se logra con evidencia repetida. “No hay que salir a explicarlo, hay que justamente permitir a que la gente lo experimente de forma empírica y vea que si funciona una vez, dos veces, tres veces, si se lo recomienda un amigo, un familiar, un colega, ahí empezás a construir tus redes de confianza.”
La confianza como estrategia de negocio
Esa idea —la confianza como acumulación lenta de pequeñas pruebas— se convirtió en el eje de toda la estrategia de reputación de la empresa. “La confianza es algo que, como se ha dicho, se construye muy lentamente y se destruye rápidamente”, sostiene, y de ahí se desprende su regla no negociable: nunca prometer más de lo que se puede entregar. Un compromiso que, según explica, funciona como interés compuesto: “todos los días un poquito”.
Ser vocal, salir en prensa, dejar que el usuario hable de la marca en lugar de que la marca hable de sí misma: ese fue el motor real del crecimiento. Y los números que cita lo respaldan. “Diría que el 90% de nuestro crecimiento ha sido orgánico. O sea, tuvimos un costo adquisición cero.”
La decisión de frenar el crecimiento a cualquier costo
La historia de Belo también tiene su capítulo de sobrevivencia. Cuando la tasa de interés en Estados Unidos empezó a subir, los inversores globales hicieron lo que hacen en esos escenarios: correr hacia la calidad, hacia el retorno líquido y seguro, lejos de apuestas de diez años en startups latinoamericanas. El capital de riesgo, que hasta entonces parecía un grifo abierto, se cerró de golpe.
Fue en ese momento, cuenta Beaudroit, cuando tomó la decisión que hoy define a la empresa: frenar la expansión y priorizar la salud financiera del negocio. “Lo que a nosotros nos pasó fue entender que el crecimiento a cualquier costo en ese contexto macro no iba a ser beneficioso para la empresa, porque lo que iba a suceder es que nos íbamos a quedar sin caja.” La compañía viró hacia la rentabilidad hace tres años, una decisión que él mismo describe sin medias tintas: “separar a los adultos de los niños”. “Está toda esta mística startupera, pero al final esto es un negocio.”
Una relación construida durante más de un año
Esa disciplina —priorizar la rentabilidad por encima del crecimiento rápido— terminó siendo, según su propio relato, el argumento que atrajo a Tether. La compañía emisora de USDT, hoy la número uno indiscutida del mundo cripto, invierte además en sectores muy distintos entre sí: en Argentina compró Adecoagro, una de las principales empresas agropecuarias del país, y también invierte en plantas nucleares, entre otros rubros. Beaudroit es explícito sobre qué fue lo que vieron en Belo: “Esta es una empresa que hizo mucho con poco dinero, que supo sobrevivir también en un contexto macro muy complejo, y que, encima, pudo lograr expandirse y generar dinero todos los días”.
Beaudroit se encarga de desmontar el mito del cheque instantáneo. “No es que alguien viene un día para el otro y te da 14 millones de dólares”, dice. La relación arrancó más de un año antes del anuncio, con meses de conversación e intercambio de información antes de que llegara siquiera una propuesta formal. “Hay que entender que estas son relaciones de muy largo plazo. Entonces vos no vas a querer meter a cualquiera en tu cama, por así decirlo.”
Recién después de casi seis meses de idas y vueltas llegó el term sheet. Y aun así, insiste en que “lo más importante no es el dinero ni la inversión, es lo que haces con eso”. Cuenta que, apenas cerrado el acuerdo, el mensaje puertas adentro fue no perder el eje: “Cambió todo y no cambia nada. Hay que seguir superconcentrados en nuestros objetivos, heads down, ejecutando.”
El plan de expansión regional
Con casi 3,4 millones de usuarios y entre 15% y 20% del mercado argentino, Belo ya puso en marcha la siguiente etapa: un proceso regulatorio en México, la compra de una empresa en Bermuda orientada a activos del mundo real, el lanzamiento de stablecoins atadas a monedas latinoamericanas —peso argentino, peso colombiano, sol peruano, real brasileño— y la apertura de operaciones en Brasil. La apuesta es construir un efecto de red regional: liquidez, confianza y socios que se multiplican entre países.
Cuando se le pregunta cómo se imagina la empresa dentro de diez años, no titubea. “Mi ambición es que veamos una empresa global. Quiero que esté en todos los países del mundo”. Y agrega algo más grande que cualquier proyección financiera: la idea de que el dinero deje de ser, para millones de personas, un problema sin resolver. “No sé si Belo va a ser la que va a permitir hacer la mayor redistribución de riqueza del mundo, pero sí al menos ser un partner en abrir más oportunidades para más gente.”
La conversación termina, en cierto modo, donde empezó: la misma persona que hace cinco años buscaba simplemente vivir de cripto todos los días hoy tiene como socio a la compañía más poderosa de esa industria. Para Beaudroit, la diferencia no está en el mercado ni en el timing, sino en algo más simple: entender que nadie compra tecnología. Compra soluciones.
La conversación completa con Manuel Beaudroit, CEO de Belo, está disponible en Axon Insights.
🎥 YouTube: https://youtu.be/9ReAN42XnSU
🎧 Spotify: https://open.spotify.com/episode/3Klsla5Us7E8286FxObbDz?si=HY2zxhuQSPekvoENcO2BmA
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Foto: Clarín.