La inteligencia artificial está ayudando a las empresas de América Latina a trabajar más rápido, automatizar tareas y tomar mejores decisiones.
Pero también está creando nuevos riesgos. Un empleado puede utilizar una herramienta de IA que la empresa no autorizó. Un agente puede acceder a información que no debería. Un error en un sistema puede terminar exponiendo datos sensibles. Y cuando algo de esto ocurre, el problema tecnológico también se convierte en un problema de reputación.
El Edelman Trust Barometer 2026 identificó el uso creciente de IA generativa como uno de los cinco factores que más han contribuido al deterioro de la confianza en empresas e instituciones durante los últimos cinco años, junto con la inflación, la desinformación y la guerra comercial.
Pero hay otro dato que las empresas deberían mirar con atención: los empleadores siguen siendo el actor mejor posicionado para generar confianza frente a la IA, por encima de gobiernos, medios y ONG.
Tener una política de IA no significa que la empresa esté protegida
El informe Tech Trends 2026 de Deloitte señala que, a medida que la IA se incorpora a las organizaciones, aumentan riesgos como el uso no autorizado de estas herramientas por parte de los empleados y la falta de controles claros sobre los agentes de IA.
En otras palabras: la empresa puede tener una política de uso de IA y, aun así, sus empleados pueden no saber cómo aplicarla en su trabajo diario.
Por ejemplo, un trabajador puede introducir información confidencial en una herramienta que no está aprobada por la compañía porque no sabe que está prohibido.
O puede utilizar un agente de IA para automatizar una tarea sin saber que esa decisión todavía necesita revisión humana.
Muchas veces, el problema es que las reglas no están llegando de forma clara a quienes tienen que aplicarlas.
Por eso, una política de IA no debería quedarse en un documento legal o en una intranet.
Tiene que traducirse en instrucciones sencillas, ejemplos y conversaciones con los equipos: qué pueden hacer, qué no y qué deben consultar antes de utilizar una herramienta.
La IA también está cambiando la ciberseguridad
La paradoja es que la misma tecnología que crea nuevos riesgos también puede ayudar a las empresas a detectarlos y responder más rápido.
La IA puede utilizarse para identificar amenazas, analizar grandes cantidades de información y automatizar parte de la respuesta ante un ataque.
Pero también puede ser utilizada para encontrar vulnerabilidades, automatizar ataques y hacer más sofisticados algunos tipos de fraude.
La tecnología sirve para defenderse y también puede ser utilizada para atacar.
Por eso, la ciberseguridad implica tener en cuenta a las personas que utilizan las herramientas, los procesos que pueden verse afectados y en lo que la empresa hará si algo sale mal.
Cuando ocurre un incidente, la comunicación también es parte de la respuesta
Una filtración de datos, un ataque o un uso indebido de IA puede empezar como un problema técnico. Pero la forma en que la empresa responde puede determinar si termina siendo también una crisis de reputación.
Cuando ocurre un incidente, los clientes, empleados, medios y otros públicos quieren saber:
¿Qué pasó? ¿Me afecta? ¿Qué está haciendo la empresa? ¿Qué tengo que hacer?
Una respuesta lenta, contradictoria o demasiado técnica puede aumentar la preocupación. Y aquí aparece un error frecuente: el equipo de comunicación entra cuando el problema ya explotó.
Lo recomendable es preparar esa respuesta antes. Comunicación y ciberseguridad deberían definir juntos qué información debe confirmarse, quién comunica, cómo se informa a las personas afectadas y qué mensajes deben utilizarse durante las primeras horas.
En ese sentido, se trata de saber cómo explicar un problema tecnológico de manera clara cuando la presión está en su punto más alto.
La tecnología puede crear el riesgo. La comunicación puede evitar que se convierta en una crisis mayor
Adopción de IA, gobernanza y ciberseguridad están más conectadas de lo que parecen.
Una empresa puede implementar una nueva herramienta sin explicar cómo utilizarla. Puede tener una política de IA que nadie recuerde. Puede contar con sistemas de seguridad, pero no tener preparado qué decir si esos sistemas fallan.
En todos esos casos aparece el mismo problema: la tecnología avanza, pero las personas no siempre saben qué hacer, qué esperar o en quién confiar.
Las empresas que mejor aprovechen la IA serán las que sepan explicar cómo las utilizan, qué límites tienen, cómo protegen la información y qué harán cuando algo salga mal.
Porque una crisis de IA puede empezar en una pantalla, pero puede terminar afectando la confianza de toda una marca.
Ese es el trabajo que hacemos en AXON: ayudar a las marcas a prepararse para explicar los cambios tecnológicos, gestionar sus riesgos y responder cuando la tecnología deja de funcionar como estaba previsto.