- El informe, que recoge la opinión de responsables de comunicación de más de 220 empresas como 3M, IBM o FedEx, detecta una desconexión entre el entusiasmo por la inteligencia artificial y la capacidad real para gestionar sus riesgos.
- Solo el 20% de los encuestados considera que la IA está integrada en sus flujos de trabajo y su estrategia corporativa, pese a que el 98% ya la utiliza de alguna forma.
- Apenas el 4% de las organizaciones señala a su CEO como responsable principal de la estrategia de IA, y ese mismo porcentaje se declara “muy preparado” frente a un deepfake.
El Ragan Center for AI Strategy ha puesto cifras a una contradicción instalada desde hace meses en los departamentos de comunicación: el 63% de los responsables se declara “algo” o “muy” optimista sobre el impacto de la inteligencia artificial en sus equipos internos. El porcentaje baja al 56% cuando se pregunta por la comunicación externa.
La conclusión llega en un momento en el que la IA generativa ya forma parte del trabajo diario de casi cualquier empresa, pero antes de que existan reglas claras sobre cómo gobernarla.
La IA ya está dentro, pero nadie ha puesto orden
El 98% de los encuestados identifica al menos algún uso de IA en sus equipos de comunicación. Tres de cada cuatro la utilizan de forma significativa.
El uso se concentra en tareas de producción: el 85% recurre a la IA para la ideación y el brainstorming de contenidos, y más del 75% la usa directamente para crearlos.
Microsoft Copilot es la herramienta más utilizada dentro de las organizaciones, por delante de ChatGPT, Canva, Google Gemini y Grammarly. El dato contrasta con el mercado de consumo, donde ChatGPT domina sin discusión. La diferencia sugiere que, dentro de las empresas, pesa más la integración con la infraestructura de TI que la popularidad de la marca.
Pese a ese volumen de uso, solo el 20% de los encuestados cree que la IA está realmente integrada en sus flujos de trabajo y en la estrategia de la organización. La tecnología se ha sumado al trabajo diario, pero no se ha incorporado a la forma en que las empresas planifican.
El optimismo es desconocimiento del riesgo
Los datos de preparación cuentan una historia distinta a los de adopción. Menos de la mitad de las organizaciones puede afirmar que tiene políticas de gobernanza de IA “totalmente establecidas”.
La situación se agrava con los deepfakes. Más de la mitad de los encuestados admite que su empresa no tiene procesos o herramientas establecidas para combatirlos, o directamente desconoce si existen. Solo el 4% se considera “muy preparado” para esta amenaza.
El propio informe lo resume como una “brecha de optimismo”: los responsables de comunicación confían en el resultado de la IA, pero subestiman su exposición al riesgo.
Quién manda en la estrategia de IA: ni comunicación ni el CEO
La ambigüedad también afecta al liderazgo. Solo el 22% de los encuestados cree que la comunicación debería liderar la estrategia de IA de su empresa. Casi dos tercios prefieren un modelo de coliderazgo, casi siempre junto a TI.
En la práctica, son los CIO y los CTO quienes más se citan como responsables de esa estrategia. Y solo el 4% señala a su CEO como la figura al mando.
El propio Ragan Center for AI Strategy apunta a una desconexión: mientras los datos externos sugieren que los CEO se ven a sí mismos como los principales tomadores de decisiones sobre IA, dentro de las empresas casi nadie se lo reconoce.
La falta de formación, el verdadero freno
Casi dos tercios de los encuestados citan la falta de formación o experiencia como la principal barrera para avanzar. Cerca de la mitad menciona también la privacidad de datos y el cumplimiento legal, y menos de un tercio habla de resistencia cultural al cambio.
La alfabetización en IA y el diseño de prompts encabezan la lista de competencias que el sector considera más urgentes, por delante de la narrativa, la estrategia y el análisis de datos.
La lección para los directivos
El informe no describe un sector que rechace la inteligencia artificial. Describe uno que avanza de forma desigual: mucha experimentación, poca integración, gobernanza limitada y un optimismo que todavía no se ha puesto a prueba.
La próxima fase, según el Ragan Center for AI Strategy, no dependerá de si las empresas usan IA —eso ya está resuelto—, sino de si consiguen integrarla, gobernarla y vincularla a un retorno medible.
Elaborado por: Roger Trelles Carrión
Fuente: 2026 Ragan AI & Communications Survey, Ragan Center for AI Strategy (Ragan Communications).